“Escribir no es un delito”

Mauricio Waikilao, comunero mapuche que está siendo juzgado en estos días por la ley antiterrorista, cometió ante el estado chileno el flagrante delito de escribir. Aunque suene anacrónico y prácticamente absurdo en un estado de derecho en pleno siglo XXI, la fiscalía ha presentado como prueba en su contra un peritaje psicológico efectuado sobre la base de un conjunto de poemas incautado en un allanamiento. Este material, que se interpretó con herramientas de análisis que pasan absolutamente por alto su carácter de texto literario, sería prueba de su personalidad criminal. El uso de diminutivos y de figuras retóricas como el oxímoron, recursos frecuentes en el lenguaje poético, adquieren ribetes perversos ante la justicia chilena, lo que no puede sino conmocionar a quienes nos dedicamos a la creación y al estudio de la literatura.
Este caso enciende luces de alarma, pues el juicio a Waikilao sienta un oscuro precedente: no solo se restringen las libertades mínimas de las personas si sus actos creativos las hacen caer bajo sospecha, sino que se criminaliza peligrosamente la obra literaria. El estado, representado a través de la fiscalía, opera con ánimo inquisitorial, amenazando con sancionar a un sujeto porque lee, escribe, piensa e imagina -como se ha hecho en otras épocas tristes de la historia humana; como se hizo alguna vez en los periodos aciagos de la historia de Chile-. Las consecuencias son graves: Mauricio arriesga una pena de treinta años de cárcel.
Para suerte nuestra, la obra en disputa ha sido publicada en un breve pero significativo volumen titulado Bitácora Guerrillera. La sociedad chilena en pleno tiene acceso ahora al “material de prueba”. Sus lectores y lectoras no encontrarán en sus poemas trazas de un perfil terrorista, sino lo que realmente hay: literatura. Toda nuestra solidaridad y nuestro apoyo para Mauricio Waikilao, porque escribir no es ni puede ser un delito.





