Desde afuera
Como si fuera un gran balde de mierda, después de las diez horas laborales chilenas y de aparecerme por la reunión de apoderados respecto de las alternativas en el ramo de religión en primero básico para los colegios no confesionales, llego a mi casa y a tres cuadras Eddie Vedder ruge la letra de Animal y yo no tengo entrada. Para los laburantes desembolsar treinta lucas por tres horas de recital es casi un suicidio. Sin embargo veo pasar miles que estuvieron dispuestos a seguir endeudándose. ¿Para cuándo los recitales gratuitos y de calidad?
Abro la puerta, saludo, no hay nadie. Entonces sueño que tal vez, si me pongo el jean y la polera vieja que siempre está primera en el cajón, si llego hasta la puerta del Monumental y me pongo a esperar, tal vez una centena de monos salvajes se inmolen ante los pacos y abran una puerta de cinco segundos para que cuarenta o cincuenta entremos a la mala. Y voy, prendo una cola, agarro una lata de pilsen y camino las tres cuadras. Suena Daughter. Rodeo por Andes, llego a Departamental. Afuera hay muchos sentados en pequeños pilotes antialunizaje: pendejos, tipos viejos con hijos o minas. También hay cuiquitos universitarios corriendo con su entrada en la mano, atrasados, siempre atrasados. Hay pibas rolingas. Hay pacos, muchos pacos, y guardias y andá a saber qué otras horrorosidades. Pienso en cuánta guita mueve este recital, cuánta se lleva Pearl Jam en una tocata en Santiago de Chile, culo del mundo. Siempre habrá ídolos de barro. Siempre habrá entradas carísimas. Siempre habrá tipos afuera del recital, conformándose (no tanto) con escuchar el soundtrack de su adolescencia mareado por el viento, canciones deformadas de Waters, de los Stones, de Soundgarden.
Camino por Departamental y empieza Even Flow. Un pibe que viene de frente dice conchetumare y yo digo conchetumare y todos los que estamos afuera decimos conchetumare y justo pasa una flaca y dice entrada para caaancha. A cuánto. Cuarenta lucas. Shaa. Conchetumare. Y todos los que estamos afuera repetimos conchetumare. Y después nos callamos porque no vaya a ser que se quejen los culiaditos que están adentro del estadio escuchando a Pearl Jam versión adulto joven. En la esquina no se escucha nada. Unos choricuas venden latas de pilsen camufladas. Difícil pasar piola con veinte flacos comprando. Entregan y arrancan. Pasan patrullas, pacos a caballo, motos. A los carabineros les importa mucho Stone Gossard y su salud prostática.
Llego a la entrada principal, Pacífico, y nos miro, los de afuera. Muchos pegados a las rejas, otros más relajados parando la oreja. Todavía se venden entradas, 49 lucas, Cordillera. A los vendedores de entradas les gusta mucho Pearl Jam. Y vuelvo a esperar. Los pacos-tortugas-ninja traen a un curado, lo sacan, lo devuelven, no hay garantía. Abren y cuando están saliendo uno de los de acá grita ahora cauros!!!!! y muchos prenden y tironean el portón para que quede amplio y corren, pacos como cucharas dispersándose, los pibes son como 100 volando hacia adentro, algunos son apaleados, a otros los sacan después, el grueso pasa. Y otros no aprovechamos, corrimos pero la reja llegó antes, ahora sí cagamos, amargura total, no sé qué mierda de canción suena. Me voy, no da para más. Una cuadra más allá suena Learning to fly y después Nothingman. El sonido se dobla en Benito Rebolledo. Llego a la casa, armo un caño y me siento a quemarlo en el antejardín. Empiezo a escribir esto con Jeremy de fondo, cierra coreado y luego la pausa, a esperar los bises. Cuando vuelven homenajean a Los Ramones con I believe in miracles. Pienso en los 100 pibes que pasaron, que se fabricaron una anécdota, que esquivaron a los pacos con los brazos abiertos y las mochilas flameando. Pienso en su valor. A veces solo se puede entrar pateando una puerta. Pienso en las bandas que cobran luca la entrada y que tocan diez veces al año. Suena el cover mamón de Last kiss. Suena Black. Suena Spin the Black circle. Escupo la baba seca post-faso y me meto a la casa. Prendo el PC, hago sonar Remedio de la Patogallina y me siento bien, la raja.






